es constitucional, no confundas

“El centro de Contarlo todo es la orfandad”

Una entrevista a Jeremías Gamboa por Abelardo Sánchez León y Giovanni Anticona

Publicado: 2014-05-11

Publicada en Revista Quehacer 193 (enero-marzo 2014)

Foto: Cristias Rosas.

Has dicho que te asocian con el personaje de Gabriel Lisboa. Sin embargo, tu nombre es similar y otros personajes pueden ser identificables en la realidad. Incluso se sabe dónde has estudiado y que has vivido en San Luis. Hay condiciones que provocan las asociaciones.
Siempre ubico a los personajes en espacios que están muy cerca de mi biografía, con cosas que no son exactamente las que pasaron, pero están muy cerca. Y si bien usé el apellido Lisboa, no creo que lo vuelva a hacer. Con eso estaba buscando algo que se logra —hacer más potente el enganche— pero que trajo consecuencias más complicadas: que el lector llegue a leer esa novela como algo que realmente ocurre. Y usé los recursos del roman a clef en la primera mitad de la novela porque los retratos eran generosos, no eran profundos sino una suerte de figuras sobre las que Gabriel se proyectaba. Entonces, yo dejé algunas señas para hacer un guiño al lector limeño y para agradecer a personas que tuvieron una participación en mi vida. Un amigo me dijo una cosa bien interesante: hay libros que a veces son difíciles de leer fuera del contexto de donde vienen.
¿Por qué crees que Guillermo Niño de Guzmán te compara con Roberto Bolaño?
Tiene que ver con Conversación en La Catedral. Cuando el personaje Gabriel Lisboa comienza la novela está dividido entre dos universos que, a nivel de referentes, son Bolaño y Conversación en La Catedral, pero emotivos, no de forma de escribir. Lo de jóvenes poetas que quieren escribir es Bolaño y la redacción febril donde están esos tipos neuróticos es Conversación en La Catedral. Tipos que están como encarcelados y sufriendo, y uno le dice a él que el periodismo nos va a matar. Casi Carlos diciéndole a Zavalita que el periodismo no es vocación sino frustración. Y por otro lado tienes a estos locos que forman sus talleres y pelean por cosas que de lejos son ridículas, como el taller y los juegos florales en el caso de los real visceralistas. Hay elementos que se relacionan con esas novelas. Sin embargo, el tratamiento de la novela está más cerca de otros escritores como Puig o Bryce.
Gabriel Lisboa está en Santa Anita con su ordenador y Martín Romaña en  París sentado en su sillón Voltaire. La diferencia sería que mientras tu personaje  quiere ingresar al sistema social, el otro quiere irse.
Pero los dos no terminan ni ingresando ni yéndose. Si mi novela fuese de ascenso social no tendría fin, sería inconclusa, tendría una falla tremenda. No habría terminado de narrar qué pasó con él, qué pasó con su libro, si triunfó, si ganó o no ganó dinero.
El personaje Gabriel Lisboa es, a todas luces, Jeremías Gamboa. Entonces, como tú bien dices, la gente está leyendo cómo te ha ido a ti.

Jeremías Gamboa presentando la novela con esas pompas y en México es como si se siguiera leyendo la página seiscientos y setecientos de la novela. Pero no. La novela acaba en la página quinientos.

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